31 de diciembre de 2010

La cultura precolombina en la Heráldica cívica cubana II

La autenticidad de este supuesto escudo de Artemisa no ha podido ser aún verificada, toda vez que se trata de una reproducción que dibujara el eximio pintor reglano Jorge Hurtado de Mendoza en los primeros años de la Provisionalidad, y todo parece indicar que fue a petición del Archivo Nacional de la República. No sabemos por qué el Archivo Nacional decidió recopilar los escudos de armas civiles, o de quién fue la idea, ni conocemos todavía la información en la que se basó Hurtado de Mendoza para realizar los dibujos. Todo lo que se conoce es la propia existencia de este dibujo, que ubica el escudo en 1879, probablemente relacionado con la nueva división político-administrativa que implantó la Corona en la isla a raíz de la pacificación de Cuba y el fin de la Guerra de los Diez Años.

Este supuesto escudo primado artemiseño muestra una mujer precolombina en actitud de correr, vestida en ropas blancas, tenante en sus manos un arco y una flecha engarzada, lista para dispararla, orientada al cantón diestro del jefe del escudo, y a sus pies, un lebrel negro, el conjunto está rodeado por un paisaje típico cubano, es decir, un terrazo y dos plantas, una en cada flanco, campo de azur y en jefe una luna llena, de plata (blanca).


Hasta el momento no consta su Real concesión, de manera que es posible haya sido empleado, si acaso lo fue, como el escudo de Santa Clara, cuya solicitud de concesión fue realizada en 1894 a Su Majestad reinante, pero nunca resuelta.

Otro escudo con elementos precolombinos es el de Jaruco, la ciudad condal, que trae una palma real y dos hombres precolombinos adosados. Lo curioso es que en este dibujo de Hurtado de Mendoza los hombres traen arco y flecha y un tocado de plumas en la cabeza, a la usanza de las naciones precolombinas norteamericanas. En otras representaciones aparecen los dos hombres de frente, con un recipiente en sus manos. Este escudo tampoco fue concedido de iure por la Corona española, o al menos no tenemos noticias de ello. Sólo se conoce que fue diseñado por los señores Beltrán de Santa Cruz y el príncipe de Orleáns en 1798.


Otros escudos de armas coloniales muestran elementos de la cultura precolombina, y como caso relevante está el de Cienfuegos, concedido por S.M. D.ª Isabel II en 1842, y que trae en su cuartel bajo una “jagua en producción”, nombre precolombino que ha pervivido en la cultura popular y en el escudo de la ciudad.


Ya en tiempos de la república, es notable el escudo de Banes, diseñado en 1926 por quien luego sería Obispo de Camagüey, Mons. Carlos Riu y Anglés. La flecha representa la cultura precolombina, su direccion y sentido representan su propia decadencia.


FIN DE LA SEGUNDA PARTE

La cultura precolombina en la Heráldica cívica cubana I


Ciertamente, la cultura precolombina incide y está presente en nuestras identidades culturales más de lo que muchos suponemos. Más allá de los topónimos que tan curiosamente mezclan nombres europeos con precolombinos, de los nombres de algunas plantas y tubérculos, e incluso, de leyendas que se mantienen vivísimas en la tradición oral y en la memoria histórica de tantas comunidades, quiero aventurar estas líneas a descubrir cuánto hay de esa cultura tan obviada, como lo ha sido también la propia europea, acaso por cotidiana o por populismo, en nuestros escudos de armas cívicos, es decir, aquellos que representan a nuestras corporaciones cívicas que, según la Constitución de la República, son dos, además del Estado nacional: las provincias y los municipios.

Comencemos por un escudo de armas que sólo pudo ser concebido, pero nunca utilizado: se trata del que idease el abogado bayamés D. Joaquín Infante en su proyecto de Constitución para una Cuba Independiente.

Bien conocido es D. Joaquín Infante entre los cubanos, autor de un Proyecto de Constitución que se publicó en Caracas en 1812. Fue Infante un abogado bayamés que estuvo vinculado en la conspiración de Román de la Luz. La Constitución que redactó fue la primera de carácter separatista de cuantas se hicieron para Cuba. El autor estudió la carrera de Derecho fuera de Cuba. Estaba en España cuando las tropas bonapartistas invadieron la Península; mantuvo amistad personal con Francisco de Miranda. Vivió en México y después en Caracas, donde publicó al antedicho proyecto. El Dr. Julio Carreras expone algunas consideraciones importantes con relación a la Constitución que redactó, en su obra Historia del Estado y el Derecho en Cuba: “Su proyecto propugna la separación de Cuba de España y la constitución de un Estado independiente. Asombra que en el comienzo del siglo XIX, cuando los propietarios habaneros viven bajo el miedo de una sublevación de esclavos, un hombre de letras, que está ideológicamente vinculado a los criollos adinerados, propugne una fórmula tan drástica”.

La idea de independencia vendrá siempre acompañada de nuevos símbolos para el naciente Estado. Joaquín Infante ideó, entonces, una bandera y un escudo para la que sería “Cuba independiente”. Aquel texto, en su artículo centésimo, abre un espacio para el escudo y estandarte de la República de Cuba, y dice así:

“Artículo 100: El sello de Estado podrá reproducirse á un pequeño óvalo con el emblema de la América baxo la figura de una india, y él de la isla en particular baxo la de la planta de tabaco; porque aunque se dé en otras partes en ninguna es de tan excelente calidad. Alrededor habrá la inscripción: isla de Cuba independiente. El estandarte será la bandera con el sello de Estado en grande, en el centro”. (Sic)

Este escudo es un clásico decimonónico, muy sencillo, que trae, en un óvalo, la figura de una indígena rodeada de plantas de café. Enrique Gay-Calbó reproduce un diseño de Jorge Hurtado de Mendoza con un escudo cortado, que muestra en la partición alta el verdadero Sello de Estado que elaboró Infante, y hasta cierto punto dado a la polémica, pero la partición baja muestra el mapa de Cuba; ese cuartel sobra desde nuestro punto de vista. Además, Jorge Hurtado de Mendoza adorna el escudo con un gorro píleo como timbre y ocho estrellas en situación de semicírculo alrededor del contorno.

En esta interpretación del Sello de Estado de Infante, la indígena trae en sus manos y sobre su regazo el cuerno de la abundancia que deposita frutas y vegetales en el suelo, elemento que no menciona Infante en el artículo constitucional y que puede considerarse una licencia artística de Hurtado de Mendoza. Y al hombro trae la mujer aborigen un arco con un mazo de flechas que se depositan en su espalda, ¿espíritu guerrero? Reviste gran importancia la corona de plumas que trae la imagen. Y por último, es notable el lema que circunscribe al sello, que no se ajusta al artículo del texto normativo creado por don Joaquín Infante.

El tabaco vendría a simbolizar la singularidad de Cuba por cuanto no es el único país que produce azúcar y sí el que con más calidad cultiva el tabaco. La indígena, como dice el artículo constitucional, vendría a representar a América pero, este término es muy ambiguo ya que no se representa igual una indígena iroqués que una de las selvas amazónicas; tanto sus atributos como costumbres y rasgos son muy diferentes. Hay muchas clases de indígenas a todo lo largo y ancho de América. La imagen que más le convendría al diseño sería la de una indígena de la cultura arwaca, que fue la más desarrollada en Cuba y una de las que encontró Cristóbal Colón al pisar tierra americana.


El escudo que se ofrece en líneas superiores es el de Joaquín Infante, según la interpretación de José Hurtado de Mendoza, reproducido de Los escudos, las banderas y el himno de Cuba, del Dr. Enrique Gay-Calbó. Este escudo lo hemos entronizado como precursor o antecedente el siboneyismo. Es, no obstante, imposible que Infante haya tenido en cuenta estos elementos antropológicos en tanto no existían los conocimientos que hoy tenemos a mano; su interés es sencillamente representar la cultura indígena con un exponente humano, indígena, y que simbolice a América. Hemos tratado de ser lo más fiel posible a los conocimientos de la época que tan escasos eran.

Según el Diccionario de la Literatura Cubana, editado por el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, el siboneyismo surge como una manifestación de la tendencia indianista que se desarrollaba en la América española dentro del segundo romanticismo. El texto compilador centra la atención y define el siboneyismo como una tendencia en las letras cubanas de mediados del s. XIX; sin embargo, hemos visto cómo el escudo de Joaquín Infante es un antecedente claro y es más una obra de la simbología gráfica que de la literatura. Tomemos en cuenta que su expresión en las letras es una vertiente de confirmación nacionalista: lo español no nos identifica en tanto no es genuino, lo negro no es nuestro, es de África; queda la raíz indígena, tomada como originaria y como auténticamente cubana, aunque a la luz de la ciencia moderna sepamos que los llamados aborígenes no son originarios de la América, sino que migraron hace alrededor de 40 mil a 50 mil años desde Asia y al respecto tampoco hay una teoría única, sino que establecen los orígenes de la migración en disímiles puntos, desde Kamchatka hasta las islas de la Oceanía en el Pacífico Sur.

Puede concluirse que el siboneyismo sirvió para alentar el sentimiento nacionalista revolucionario cubano; su trayectoria se veía siempre vinculada a los ideales de independencia nacional y de libertad individual. Esta síntesis valorativa de lo que posteriormente fue el siboneyismo ya se esbozaba en el diseño de escudo de armas que Joaquín Infante pensó ajustable a Cuba. De manera que, si bien el escudo fue aparentemente muy bien pensado, no ocurrió lo mismo con la bandera, cuyos colores escogió por no tener ningún otro país, tal combinación de colores, aunque el diseño de trifranje horizontal tiene un marcado antecedente mirandino.

Entre 1809 y 1810 los patriotas Joaquín Infante, Román de la Luz Sánchez Silveira y Luis F. Basave, se vieron envueltos en una conspiración separatista, tramada en el Templo de las Virtudes Teologales. La conspiración fue descubierta y como consecuencia De la Luz fue desterrado a España, e Infante pudo escapar y refugiarse fuera de Cuba. El joven abogado, con treinta años de edad, vive un tiempo en México y luego se traslada a Caracas, donde se involucra en las revueltas separatistas lideradas por el Precursor de la Independencia de América Latina Don Francisco de Miranda, y vive de cerca el desarrollo de los símbolos de carácter nacional que con tales fines se van creando en el decurso de la contienda.

El primer Tricolor Mirandino vio la luz en el Proyecto del Ejército Columbiano, en 1800. Presenta tres franjas paralelas e iguales, con los colores: negro, encarnado y amarillo. La presencia de estos colores responde a la integración racial del antedicho Ejército: negros, pardos e indios, “sobre cuya igualdad habría de estructurarse el Ejército del Generalísimo”.

La llamada Bandera Madre, denominada así por el Apóstol de la independencia cubana, el Iris mirandino, fue izada el 12 de marzo de 1806; su diseño era también un trifranje horizontal con los colores más visibles del arco-iris: amarillo, azul y rojo. Miranda hubo de retirarse por el escaso apoyo de la población y la presión del Ejército realista, pero 5 años más tarde, se había convertido en diputado del Congreso Constituyente que el 5 de julio de 1811 declaró la Independencia. Junto a otros dos patriotas venezolanos, Miranda fue comisionado para elaborar un proyecto de “Bandera y Cucarda Nacional”. Fue aprobado el proyecto en la sesión del 9 de julio. La bandera era la misma de 1806; según refiere el Lcdo. Daniel Chalbaud en su obra, citada antes: “Sus colores eran amarillo, azul y rojo, en franjas desiguales, más ancha la primera que la segunda, y ésta más que la tercera (...) En el ángulo superior izquierdo del pabellón nacional había, a modo de escudo, un rectángulo en la cual figuraba una india que sostenía en su diestra una pica o asta con gorro frigio en su extremo; detrás de ella, la inscripción Venezuela libre y a sus pies una cinta con la palabra Colombia, la cual equivalía, entonces a ‘América’. (Sic)

Ya se ha visto cómo el escudo y bandera de Infante son frutos de las ideas independentistas que se cultivaban en Venezuela en tanto el joven cubano vivió todo este proceso revolucionario, y seguramente su amistad personal con Francisco de Miranda influyó poderosamente en la radicalización de su pensamiento, y son estos símbolos del patriota Infante, a un tiempo, antecedentes del siboneyismo en Cuba, pero junto a los del patriota venezolano pioneros gráficos de la corriente indianista en toda América Latina, aún antes de que floreciera en las letras americanas.

Las localidades cubanas también han establecido sus propios escudos de armas al partir de antiquísimas tradiciones. Durante el período colonial, por ejemplo, la facultad de conceder escudos de armas residía en la persona de Su Majestad el Rey; pero al instaurarse la república, y lamentablemente emparentarse la heráldica con el régimen monárquico y construir el republicanismo como anti-monarquía, sumado ello a los lógicos ideales de autonomía local en los que se inspira el modelo republicano, echaron por tierra esta especie de control regio que era permitido por la relativa centralización de la capacidad heráldica para las corporaciones cívicas, lo cual garantizaba orden y seguridad jurídica. La república muestra un relajamiento tanto en el rigor de los diseños heráldicos como en su aprobación, aunque algunos ayuntamientos solicitaron algún inusitado “certificado” de la Academia de la Historia (Mariel, 1960) y en otros casos fueron encargados al Instituto de Genealogía y Heráldica (Melena del Sur, 1954).

Los períodos en que hemos seccionado este estudio, por lo tanto, obedecen a los cambios políticos más trascendentales en la historia cubana, es decir, tres períodos: el primero arranca en 1516 con la concesión del escudo primado de Cuba hasta la retirada política de España a favor de los Estados Unidos de América, verificada el 1º de enero de 1899 con el arrío de la bandera española y el izamiento de la de las barras y las estrellas; el segundo período abarca la llamada república, que comprende entre 1902 y 1959, y un tercer período desde entonces a la actualidad, dividido en dos etapas: la Provisionalidad (1959-1976) y el Estado Socialista (1976-), a partir de la entronización de la Constitución vigente.

La etapa colonial muestra casos interesantes, incluso algunos no han sido del todo aclarados, como los escudos del Caney y de Artemisa. En el primer caso: el escudo del Caney data de la época colonial, aunque no se tiene noticia de su concesión por la Corona española ni de su autor. Recrea la leyenda de la Ma-Cubá, de la huida de los aborígenes ante la llegada de los conquistadores, donde sólo quedó una mujer que los acogió y trató. El Caney es un poblado que forma parte del municipio Santiago de Cuba, no tiene rango de municipio ni lo tenido nunca

Destaca en esta imagen la indígena, la planta de plátano, el perro mudo a sus pies, y los blasones de Castilla y León que recuerdan la época a que se refiere el escudo.



Domingo Figarola Caneda en su ensayo “Los escudos primitivos de Cuba” expone lo siguiente con relación al escudo del Caney.

“Aparece el escudo de San Luis del Caney en las “Crónicas de Santiago de Cuba”; recopilada por Emilio Bacardí y Moreau, Barcelona, 1908, y con la indicación “Armas del Caney”.

“Por nuestra parte hemos hallado unos interesantes apuntes históricos debido a las loables investigaciones del señor Luis Alejandro Baralt, y quien con vista de un “documento antiguo é importante”, niega que fuera una india la que pobló el Caney, pues hubo una

“... representación hecha a S.M. a voz y nombre sin duda de los naturales en que afortunadamente aparece historiada la fundación del pueblo”.

“Y resulta de lo relatado en ese manuscrito, que con motivo de la llegada de los primeros conquistadores, los pacíficos indios huyeron a la desbandada, quedándose la minoría de ellos a vivir con los conquistadores, entre otros. El cacique de Cuba, así titulado, y nombrado desde la pila bautismal D. Alonso Rodríguez, era casado con D.ª María de la Ma-Cubá.

“Y ahora parece natural que se pregunte: la india que figura en el escudo ¿es la representación de aquella que se dijo pobladora del Caney, o es la de Ma-Cubá? (sic)



FIN DE LA PRIMERA PARTE

11 de abril de 2010

Heraldica de la Villa de Guanabacoa



La Heráldica se nos descubre hoy como la ciencia encargada del estudio de los escudos de armas, y entiéndase escudo de armas no como el artefacto meramente defensivo sino como la expresión de valores culturales al través de figuras y símbolos que tienen un particular significado, que se insertan en un campo bajo determinados cánones estéticos, cuya inamovilidad les ha merecido el calificativo de “leyes”, no porque lo sean como actos normativos emanados de voluntad estatal, sino porque su inobservancia puede rendir el escudo por desfiguración si no se justifica plenamente. Por ejemplo, las armas cívicas del municipio de Santo Domingo, en Villa Clara, muestran un jironado de azur (azul) y gules (rojo), vestido de oro; se prefiere por lo general la alternancia de color y metal, aunque no está del todo incorrecto el diseño cromático del jironado de Santo Domingo de Villa Clara. En este caso, la presencia de los dos esmaltes está plenamente justificada al simbolizar los colores nacionales, según la semiología que le asignó su creador. El caso del escudo de Santo Domingo es un dignísimo ejemplo —acaso único en la Heráldica contemporánea cubana— de un bello discurso heráldico.



La Heráldica Cívica en América Latina nace en la primera década del s. XVI; por esas fechas ya la Corona española tenía interés en certificar sus nuevos dominios en las llamadas Indias Occidentales, y es así que en 1508 concede escudos de armas a 14 villas de La Española. Estos escudos se caracterizan por su extraordinaria sencillez (afortunadamente), y por lo general utilizan el recurso parlante (armas que emplean figuras equivalentes al objeto del símbolo), geográfico o hagiográfico (la Hagiografía es la historia de la vida de los santos) como hilo conductor del discurso heráldico. Entre estos escudos concedió Castilla el de la villa de Santo Domingo, en la Española, que aún hoy se usa. Más tarde, en 1511, se concedería el escudo a Puerto Rico; y ya en 1516 se concede, a petición de Pánfilo de Narváez y Antonio Velázquez, el escudo para la entonces llamada Ysla de Fernandina —hoy República de Cuba—, que estuvo vigente hasta la retirada política de España a favor del gobierno militar estadounidense iniciado en 1898 como consecuencia de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana.



La Heráldica Cívica cubana tuvo un desarrollo fascinante durante los siglos de coloniaje español. Los Ayuntamientos clamaban a la Corona por la concesión de armas que, generalmente, venía acompañada de otras solicitudes como la de uso de uniformes para los funcionarios del Ayuntamiento y títulos honoríficos para el mismo. Veamos el caso de la villa de Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.



Por Real Cédula de 13 de agosto de 1743 —aún vigente—, D. Felipe V concedió escudo de armas a la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa, al otorgarle asimismo otras gracias que por su naturaleza ajena al tema que nos ocupa, no trataremos en esta Nota. La Real Cédula debe tener su antecedente en una petición del Ayuntamiento de la villa, pero tales referencias no hemos podido encontrar en las obras consultadas. La predicha Real Cédula de D. Felipe V describe las armas en los siguientes términos:



«... se debe componer de un pedazo de mar en la parte superior, en el medio los dos fuertes de Cojímar y Bacuranao, en la parte inferior, una montaña y en la esterior, dando vuelta al escudo y por orla de él la inscripción siguiente: «Escudo de armas de la Villa de la Asumpcion de Guanabacoa por el Rey Ntro. Sr. Don Felipe Quinto...»(sic)



En primer lugar, debemos aclarar que, si bien D. Felipe V concedió un escudo a la villa de Guanabacoa sin hacer mención de los esmaltes de las particiones y muebles, ello no significa que no los hubiese tenido ni que carezca de ellos en la actualidad. Un escudo tiene esmaltes por definición. No pueden existir armas acromáticas. Sin embargo, este proceder de D. Felipe V, que a la luz del Blasón contemporáneo puede parecer impreciso y vago, era también una costumbre de la heraldografía del momento. Ello lo podemos comprobar con la concesión del escudo de la propia Universidad de la Habana donde se deja la selección de los esmaltes a los Reyes de Armas de Su Majestad; sin embargo, en el caso concreto del escudo de Guanabacoa notamos ciertas incoherencias cromáticas en el diseño que actualmente se considera “oficial”. El escudo de Guanabacoa está incorrectamente esmaltado, ya que el artista encargado de su diseño fuese acaso un excelente pintor, pero no un heraldista, que no tenía por qué serlo, y en consecuencia, su obra no se ajusta a los cánones heráldicos, y veremos por qué:




El mar, por lo general, se representa por medio de ondas de agua, de azur (azul) y plata (blanco o gris), si el campo es plata, entonces la faja y la bordura deben ser de color, por el canon de esmaltaje. Las torres deben, consecuentemente, ser de metal, preferiblemente el oro (amarillo). Es por esa razón que creemos que la faja debe ser de azur (azul) y la bordura de gules (rojo). Siguiendo el patrón de esmaltaje, la inscripción que carga la bordura debe estar esmaltada en oro, y así, la Corona Real que lo timbra debe ser la Borbónica, correspondiente a la dinastía de los Borbones. El diseño muestra la Corona Real de Castilla.



Atendiendo a estas consideraciones sobre los adecuados esmaltaje y emblasonamiento del escudo guanabacoense, puede describirse de la siguiente manera: en plata, faja de azur cargada de dos torres de oro, puestas en faja, y acompañada en jefe de ondas de agua, de azur; y en punta, de una montaña de sinople. Bordura de gules con la inscripción: «Escudo de Armas de la Villa de la Asumpcion de Guanabacoa por el Rey Ntro. Sr. D. Felipe Qto.», en letras de oro. Al timbre, Corona Real cerrada. De manera que recomendados respetuosamente a la Asamblea Municipal del Poder Popular de Guanabacoa la aprobación del Reglamento del Escudo de Guanabacoa, con reglas de uso y fabricación, como también de la bandera municipal, a la que podemos dedicar un espacio autónomo en el futuro.



Vigencia semiológica del Escudo.



La Heráldica Cívica puede definirse resumidamente como la representación de los valores culturales e históricos de una determinada región representada en una corporación cívica, al través de símbolos que se insertan en un escudo de armas con arreglo a las leyes del Blasón. Así de sencillo podemos deducir entonces que todo escudo de armas es representativo de la corporación que simboliza, quizá no lo suficiente o no de la mejor manera, pero indiscutiblemente hace el intento. La vigencia semiológica de las armas es un tema largamente debatido que aún hoy nos preocupa y que en ocasiones es posible encontrar soluciones prácticas. Los escudos de armas muchas veces admiten actualizaciones o modificaciones que no laceran su expresión de identidad; tales son los casos, en Cuba, del propio escudo de la República, de las armas de la Habana (ciudad y provincia), en 1938 y 1997, respectivamente; del escudo de Sancti Spíritu, modificado en 1911, o el de la misma villa de Guanabacoa, en 1837. Sin embargo, en ocasiones no admiten tales modificaciones en tanto se perdería su elemento principal y dejaría de ser identificativo: ocurre con las armas de la República de Colombia, donde se muestra el istmo de Panamá aun cuando dicho territorio no pertenece a la actual República de Colombia.



Algo similar ocurre con el escudo de Guanabacoa: si bien el blasón fue concedido en 1743 y en aquella época el territorio guanabacoense tenía salida al mar, por la división política de 1976 la franja costera quedó segregada y convertida en municipio bajo el nombre de Habana del Este. Entonces ya el mar y las torres quedan fuera de la competencia de lo que quedó como Guanabacoa, y el escudo podría decirse que no se ajusta semiológicamente a la realidad. ¿Qué se hace en estos casos? ¿Guanabacoa debe suprimir la faja y el jefe de su escudo de armas y reajustarlo a su actual realidad político-administrativa?



Para responder esta pregunta nos remitimos a dos fuentes: la legislación y a la costumbre españolas de los siglos XVIII y XIX, y la naturaleza jurídica de tales concesiones, así como su vigencia en nuestro actual ordenamiento. Un escudo de armas se le concede a la villa a perpetuidad. La concesión Real de honores como títulos nobiliarios y escudos de armas es “para siempre jamás”, exista o no una corporación cívica en el futuro que lo asuma, y dado que el Ayuntamiento de Guanabacoa, durante la actual República, no ha confirmado su escudo ni emitido ningún criterio legislativo ni acuerdo de su gobierno con relación a su uso íntegramente, ello significa que continúa reconociendo como válida y única la Real Cédula de D. Felipe V de 1743. Por tanto, nos atrevemos a exponer algunas conclusiones:




  1. El escudo de armas que concedió D. Felipe V en Real Cédula de 13 de agosto de 1743 es para la villa de Guanabacoa, sean cuales fueren sus límites geográficos en el futuro. Los escudos se conceden ad perpetuam.

  2. Al tener en cuenta la antigüedad del escudo y su enraizado reconocimiento como propio de la villa de Guanabacoa y su término, no se recomienda la supresión de los cuarteles que actualmente simbolizan elementos que quedan fuera del territorio guanabacoense. V.gr.: las torres y el mar.

  3. La Corona Real al timbre simboliza sometimiento a S.M. el Rey de España, y aunque no se ajusta a la actual situación política del país, es innegable su profunda importancia histórica, de tal suerte que no se recomienda su supresión.

  4. El escudo de Guanabacoa debe blasonarse como: en plata, faja de azur cargada de dos torres de oro, mazonadas de sable, y puestas en faja; acompañada (la faja) en jefe de dos ondas de agua, de azur, y en punta, de una montaña de sinople. Bordura de gules con la inscripción: “Escudo de Armas de la Villa de la Asumpcion de Guanabacoa por el Rey Ntro. Sor. D. Felipe Qto.”, en letras de oro; al timbre, Corona Real española, y como adorno, collar de Carlos III,

  5. El Collar de la Orden de Carlos III debe salir del jefe del escudo, y no de los flancos, como lo hace el diseño mal reconocido como oficial.

  6. La Asamblea Municipal del Poder Popular de Guanabacoa debe establecer la correcta descripción y esmaltes del escudo municipal por medio de un Acuerdo, de manera que tenga alcance obligatorio y el territorio se comprometa a respetar dichas pautas de composición establecidas por disposición normativa.

  7. La Asamblea Municipal del Poder Popular de Guanabacoa debe promulgar un reglamento para el uso del escudo de armas y promover su empleo en centros docentes dentro del municipio. El escudo de Guanabacoa, en tanto fue otorgado por Real Cédula, aún vigente, sólo puede modificarse mediante una ley de la Asamblea Nacional del Poder Popular o un decreto-ley del Consejo de Estado. La Asamblea Municipal del Poder Popular no tiene competencia para modificar una disposición normativa con rango de ley, y por tanto, sólo puede limitarse a reglamentarlo. El hecho que algunos escudos cubanos hayan sido concedidos por Reales Cédulas y otros por Acuerdos de sus respectivos Ayuntamientos o Asambleas del Poder Popular, demuestra la necesidad de promulgar una Ley de los Símbolos Locales, como existe la de los Símbolos Nacionales, que armonice todo el sistema simbológico de nuestras comunidades.

  8. No existe un escudo oficial en el sentido material de la palabra. Algunos consideran que si el escudo se pinta con otro estilo deja de ser tal. El escudo de armas es un producto subjetivo, que se objetiviza en cada obra plástica o digital que lo contenga. Por tanto, ello demuestra la importancia de definir su descripción, de forma tal que podamos desterrar el mito del escudo oficial de los vocabularios académico y popular.

  9. Se recomienda que la Asamblea Municipal del Poder Popular de Guanabacoa retire el actual escudo que circula como legítimo, ya que presente numerosas incoherencias históricas, como hemos demostrado, y sustituirlo por el modelo correcto, conforme a los usos y costumbres heráldicos.

La mejor solución para evitar diferendos entre los dos territorios por causa de sus símbolos, sería que el municipio Habana del Este concediese para sí nuevas armas, dado que ya no se estila, por desgracia, que los gobiernos municipales incorporen sus condecoraciones en sus armas, como tampoco que el Gobierno central conceda armas a las localidades. Para Habana del Este proponemos las siguientes armas: En plata, seis estrellas pentagonales, de azur, puestas en dos palos; en punta, ondas de agua, de azur; bordura de gules con cinco torres de oro, donjonadas y mazonadas de sable. Exornes propios de la Ciudad de la Habana.



Las estrellas simbolizan los seis asentamientos poblacionales del territorio, a saber: Camilo Cienfuegos, Bahía, Alamar, Campo Florido, Cojímar y Guanabo. El mar es símbolo de la situación costera del territorio. La bordura en gules (rojo) simboliza la importancia del deporte y las cinco torres representan las cinco fortificaciones del Sistema Defensivo de la Habana que se encuentran en Habana del Este. La corona es portavoz de la pertenencia de Habana del Este a un ente más dinámico y articulado, que es la Ciudad de la Habana.

Ambos escudos de armas tienen como esmalte del campo la plata, y una bordura de gules; elementos que los unen en la historia, en tanto Habana del Este originalmente pertenecía a Guanabacoa.

La Real y Distinguida Orden española de Carlos III fue creada por Real cédula el 19 de septiembre de 1771 y es también conocida como Orden de la Purísima Concepción. Su institución se debió al nacimiento del Infante D. Carlos, hijo de los Príncipes de Asturias, quien luego reinaría en España bajo la nomenclatura de Carlos IV. La Orden se instauró para «premiar a sujetos beneméritos y adeptos a la Persona de Carlos III».


El Collar de la Orden de Carlos III fue concedido a la Villa de Guanabacoa por la Reina D.ª Isabel II, por Real Orden de 21 de abril de 1837. En el momento de dicha concesión la Orden contaba con los grados de: Gran Cruz, Pensionista y Supernumerario. La concesión del Collar no significa, sin embargo, que D.ª Isabel II haya nombrado al municipio miembro de la Orden bajo algún grado de los anteriormente expuestos, sino que como desde el s. XVI se ponía en las Armas Reales la Orden del Toisón de Oro, al llegar el primer Borbón al Trono español, éste puso la Orden del Espíritu Santo, de origen francés, en las armas reales, y luego se comenzó a poner la de Carlos III en sustitución de la Orden francesa.


Actualmente la Orden tiene cinco grados, según el Reglamento de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, por el Real Decreto 105/2002, de 11 de octubre, a saber: Collar, Gran Cruz, Encomienda de Número, Encomienda y Cruz.


Bibliografía


  1. ARISTA-SALADO Y HERNÁNDEZ, Maikel. Los escudos cívicos de Cuba. Mención en el Premio Nacional de Investigación Cultural 2006, del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana. Inédito. 2005.

  2. ORTA Y PARDO, Raúl Jesús. Curso Introductorio a la Heráldica “Don Enrique Mendoza Soler”. Foro Heralatin. Colegio Latinoamericano de Simbología. Venezuela. 2004.

  3. ———: Manual Básico de Vexilología. Venezuela. 2002.

  4. GACETA OFICIAL DE LA REPÚBLICA DE CUBA. (1902-2006)

  5. CADENAS Y VICENT, Vicente de. Diccionario Heráldico: términos, piezas y figuras usadas en la ciencia del blasón. Instituto Salazar y Castro. 1988. Versión digital.

Fuentes digitales


  1. Blasones Hispanos. www.blasoneshispanos.com

  2. Ralf Hartemink. www.ngw.nl


Entrevistas y consultas a:


Dr. D. Avelino Víctor Couceiro y Rodríguez, Especialista en Estudios Culturales de la Dirección Municipal de Cultura de Plaza de la Revolución.


Lda. D.ª María Cristina Peña y Reigosa, Directora del Museo Histórico Municipal de Guanabacoa.


Ldo. D. Ignacio Koblischek y Zaragoza, Diplomado en Heráldica, Genealogía y Nobiliaria. Sevilla, España.


Ldo. D. Antonio Nieto Carnicer, heraldista y falerista. Sevilla, España.