10 de enero de 2009

Medallas, condecoraciones y Derecho Honorífico (coautoría)

Extraído del libro "Condecoraciones cubanas: teoría e historia", http://amzn.com/1426944284 


Generalmente, vinculamos la Numismática de manera directa con el estudio de las monedas, lo cual es muy correcto hacerlo ahora; pero en un principio, esta disciplina, entendida hoy como la ciencia encargada del estudio exclusivo de las monedas, compilaba, estudiaba, clasificaba e inventariaba toda clase de piezas metálicas de determinado valor social, además de las piezas monetarias. Sin embargo, el propio desarrollo tanto teórico como empírico de la Numismática y de las disímiles piezas que constituían su objeto de estudio, hizo necesario desgajar (apoyada esta escisión fundamentalmente en la clasificación, cada vez más técnica, de las piezas) conjuntos autónomos de conocimientos perfectamente definidos que, con el transcurso del tiempo, se conformaron en disciplinas relativamente independientes; y aunque tienen un origen común, podemos distinguir y es preciso segregar de la Numismática disciplinas como la Medallística, la Notabilia y la Falerística. De nuestro análisis excluiremos la Notabilia, que es la ciencia que estudia y clasifica el papel moneda, conocido también como billete, por cuanto sus instituciones sustituyen en función a las monedas y tienen el mismo valor legal para las contrataciones que las piezas metálicas, aunque el soporte de los billetes no es el metal, sino la celulosa.


Como puede inferirse, la Medallística estudia entonces las medallas, ¿pero exactamente qué son las medallas? Al adentrarnos en esta disciplina simbológica se impone conceptuar lo que esta palabra significa y concretar su objeto de estudio, toda vez que hemos comprobado la ineficacia doctrinal y consecuentemente práctica que sobre estos particulares se manifiesta tanto en las obras consultadas como en el coleccionismo, como demostraremos a continuación. Usualmente oímos decir que las condecoraciones son medallas que se entregan a las personas beneméritas o a aquellas que han cumplido determinados requisitos y se hacen acreedoras de esta o aquella distinción ya sea por el Estado o por entidades privadas, o será más común aún escuchar que la Numismática estudia las condecoraciones a través de la Medallística; es por las razones antes expuestas que estas instituciones honoríficas son estudiadas actualmente por la Medallística, lo cual viene a confirmar el propio Museo Numismático de la Oficina del Historiador. Sin embargo, urge definir con exactitud qué entendemos por condecoración y qué por medalla, porque aunque en muchísimas ocasiones se usan como sinónimos, en realidad no lo son, y las ciencias que estudian una y otra difieren sensiblemente en cuanto a los parámetros de estudio. Analicemos brevemente la definición de medalla y luego la de condecoración que traemos a este artículo, reproducidos del diccionario.


El término medalla proviene del italiano medaglia, y éste a su vez del latín metalum, que significa metal; sería esclarecedor entender bajo el prismas del análisis crítico la construcción histórica que oficialmente se ha dado al término "medalla": así por ejemplo, en 1922 encontramos que el Salvat, Diccionario Enciclopédico Popular Ilustrado (inventario del saber humano), define a las medallas como un “trozo de metal, comúnmente redondo, con alguna figura, símbolo é emblema, batido o acuñado”;[1] el hecho de que algunas medallas sean redondas no constituye una característica esencial y por tanto imprescindible en la institución que ahora estudiamos, sino que describe la forma de muchas, pero no establece ello un elemento conceptual que las identifique; la Enciclopedia Ilustrada Europeo-Americana, de 1925, refiere erróneamente que las medallas pueden diferenciarse de las monedas por el alto trabajo artístico de aquellas, lo cual es un elemento que tampoco define a unas u otras piezas metálicas, o sea que no es esa una característica que pueda ayudarnos a distinguir una moneda de una medalla; asimismo la obra consultada desdibuja el origen y función tanto de monedas como de medallas al postular que las primeras medallas que se conocen fueron monedas, cuando en realidad unas y otras nacen juntas y separadas a la vez, porque aunque en el tiempo pudieron aparecer contemporáneamente, sus funciones y características las hacen separarse desde su origen;[2] por otra parte, según el Aristos, Diccionario Ilustrado de la Lengua Española, recibe las siguientes definiciones en sus acepciones:


MEDALLA. f. Pieza de metal acuñada con algún emblema. // Arq. Medallón. // Distinción honorífica o premio que suele concederse en exposiciones o certámenes.[3]


En la búsqueda de la mayor cantidad de definiciones sobre el tema que nos ocupa, la vigésimo segunda edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua expone lo siguiente en cuanto al término “medalla”, que virtualmente arrastra aquellos errores de concepto que venimos analizando:


MEDALLA. f. (del italiano Medaglia): 1. f. pieza de metal batida o acuñada, comúnmente redonda, con alguna figura, inscripción, símbolo o emblema. // 2. Bajorrelieve redondo o elíptico. // 3.- Distinción honorífica o premio que suele concederse en exposiciones o certámenes.// 4. fig. y fam. Antigua onza de oro. // 5. Numism. Moneda antigua fuera de uso.


Según nuestras investigaciones, tanto el texto que ofrece el Aristos, como el del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, constituyen el resultado de una interpretación extensiva de la palabra, en virtud de la cual se pueden incluir piezas que realmente no son medallas, o al menos que por diversas razones fundamentalmente vinculadas con su función, no forman parte del objeto de estudio de la Medallística. Para una conceptuación más acabada y ajustada a la realidad, sus acepciones deben combinarse y no separarse adversativamente, se han de eliminar algunos elementos e incorporar otros que, al tenor de nuestras investigaciones, consideramos esenciales para certificar que la pieza que estudiamos es efectivamente una medalla. La primera acepción que el diccionario ofrece es demasiado genérica: es una definición extensiva del término porque las monedas, por ejemplo, también son piezas de metal acuñadas con algún emblema ¿Significa esto que las monedas son medallas? ¿O quizá que las monedas derivan de las medallas, lo cual las convierte en un tipo especial de estas?


De acuerdo a la definición supuestamente facultativa que hemos consultado, el estudio de las monedas pudiere considerarse como una rama dentro de la Medallística, cuando en realidad ha sido al revés: tanto la Falerística como la Medallística han nacido del desarrollo de la Numismática, según establece la doctrina clásica. La tercera acepción que ofrece el diccionario excluye del concepto a las medallas de jubileo o de conmemoración, y las de identificación, que no constituyen propiamente un premio o distinción honorífica, sino que se acuñan en conmemoración de algún hecho relevante que puede ser la coronación de un Monarca, la asunción de un Presidente o la victoria en una batalla, y que pueden ser entregadas como premio o distinción, pero no es ése su objetivo; en esta acepción del diccionario se combinan dos figuras de distinta naturaleza: las medallas y las condecoraciones, toda vez que el concepto se inicia con el sintagma “distinción honorífica” como elemento indispensable sobre el cual se erige la construcción conceptual de las medallas y hemos visto que una medalla puede ser una distinción honorífica, pero no necesariamente. En Cuba, por ejemplo, tenemos como la más antigua entre las medallas de jubileo o conmemorativas, que no tienen carácter honorífico, según el compendio de C. Echenagusía, aquella que batió el Ayuntamiento de la Habana para celebrar la ascensión al Trono español de D. Luis I, y otras que se batieron por las coronaciones de monarcas posteriores fundamentalmente D. Felipe V, D. Carlos III, D. Fernando VII y su hija, quien fuera declarada Reina de las Españas en 1833, a la muerte de aquel, bajo el nombre de D.ª Isabel II.


Quedaría referirnos a las medallas de identificación. En este particular Cuba es pródiga y el uso de estas instituciones se mantuvo desde los tiempos coloniales hasta bien entrado el s. XX durante la República. La función principal de las medallas o piezas metálicas de identificación es la de distinguir una determinada persona cuya función pública así lo exige, tales son los casos de los medallones de ayuntamiento, que en nuestro país fueron tan abundantes, lo cual no implica que todas las piezas metálicas de jubileo y/o de identificación son medallas, aquí también es preciso decantar estas de otros tipos de piezas. En el caso concreto de los medallones de ayuntamiento, éstos resultaban de acuñaciones y eran esencialmente ostensibles, respondían a un modelo único y venían generalmente timbrados con la Corona Real española.[4] Su uso quedaba restringido a los alcaldes y concejales, y hasta donde conocemos, fue de facto, o sea, no hemos encontrado algún documento jurídico que desde tal época regulase el uso de estas piezas, como tampoco se hace en la actualidad. La vigencia de esta tradición hispánica ha trascendido a nuestros días, pero por el desconocimiento sobre estos temas, no ha sido siempre de la mejor manera y es aquí donde queda demostrada la necesidad de que nuestras tradiciones tengan un basamento doctrinal a partir de su estudio científico. Y otra propuesta que nace de este estudio sería la de encargar a las Asambleas Provinciales y Municipales del Poder Popular y al propio Parlamento nacional la regulación de sus piezas de identificación sobre la base de un adecuado uso y confección de las mismas.


Hemos visto que las características esenciales de una medalla son las siguientes: primero, tiene que ser una pieza metálica que resulte de una acuñación, definición parcial que nos permitirá posteriormente diferenciar las medallas de las insignias o placas; y la segunda es que no puede tener valor fiduciario, lo cual excluye del concepto a las monedas, cuyo fin es eminentemente mercantil y de intercambio. En tercer y último lugar, la definición del diccionario admite la inclusión de piezas metálicas que son acuñaciones y que carecen de valor legal para las contrataciones,[5] pero estas no son objeto de estudio de la Medallística, sino de la Uniformología, que es otra disciplina simbológica: nos referimos a los botones. En efecto, algunos botones constituyen piezas metálicas que se obtienen a partir de acuñaciones, y que pueden o no traer en el campo algún emblema, ya sea heráldico o de otra índole; pero sin duda, urge introducir otro filtro para depurar este tipo de acuñaciones sin valor crediticio. Hemos pues, reelaborado el concepto que esboza el diccionario de la siguiente manera:


MEDALLA. f. Pieza metálica ostensible sin valor fiduciario, acuñada con algún emblema.


Es menester aclarar que su carácter esencialmente ostensible funciona en nuestro concepto como una categoría y además un requisito sine qua non para prescribir que una determinada pieza metálica es una medalla, y está dado el carácter ostensible por ser la pieza relevante per se, portadora en sí misma de un mensaje trascendente y relativamente autónomo. O sea, que cualquier pieza metálica ostensible que resulte de una acuñación y que no tenga valor ni fuerza legal para las contrataciones puede considerarse una medalla y por ende, objeto de estudio de la Medallística. Sirva este artículo para proponer a nuestros académicos de la lengua se incorpore esta definición del término “medalla” en nuestros diccionarios, como la acepción propia de la Medallística, y no la que tradicionalmente se le asigna, por haber sido demostrada su inapropiada extensión semántica e inoperancia científica.


Y antes de continuar, es preciso destacar que medallas y condecoraciones no son instituciones equivalentes, como tampoco lo son la Medallística y la Falerística, ni una es la evolución doctrinal de la otra, sino que aquellas constituyen objetos de estudio de ciencias distintas: la Falerística es la ciencia encargada del estudio, clasificación e inventario histórico de las condecoraciones. Ahora bien, ¿qué son exactamente las condecoraciones? El término condecoración es un sustantivo derivado del verbo condecorar, que a su vez proviene del latín condecorare, cum—con y decorare—adorno; o sea: con adornos. Si recurrimos nuevamente al diccionario, encontraremos para condecoración las siguientes acepciones:


CONDECORACIÓN f. Acción y efecto de condecorar // Insignia de honor y distinción.


CONDECORAR tr. Dar honores, otorgar condecoraciones a alguien.[6]


Hasta el momento la definición que ofrece el diccionario es correcta: toda insignia de honor y distinción puede considerarse una condecoración; no obstante, este término asume dos conceptos: uno es el que le asigna la Falerística, y otro el que utiliza el Derecho Honorífico. Para la Falerística, la condecoración es la pieza metálica que indica determinados honores o preeminencias, mientras que el Derecho Honorífico entiende que la condecoración es una institución que esencialmente constituye un acto jurídico que genera una relación jurídica y por lo tanto, también derechos y deberes para quien la recibe y quien la otorga. Las condecoraciones constituyen la institución jurídica más importante del Derecho Honorífico. Hasta aquí, a nuestro juicio, es preciso aclarar que, como hemos observado, las medallas dependen esencialmente de tres características que son físicas, materialmente objetivas; mientras que las condecoraciones dependen del elemento jurídico, o sea, que la norma jurídica y específicamente la norma constitutiva de dicha condecoración refleje un determinado honor que puede ser concedido.


De esta manera, notamos que algunas medallas son, además, condecoraciones, pero muchas no lo son, de la misma forma que hay condecoraciones que son medallas, pero muchas no lo son. Luego, es preciso definir que la Falerística, cuando puntualmente estudia alguna medalla, la asume en tanto condecoración, y la Medallística se dedica a las medallas, al margen de que tengan o no el valor honorífico que distinguen a las condecoraciones, y para ello se auxilia de todo su aparato categorial propio. De hecho, un estudio riguroso nos permitiría clasificar las medallas en honoríficas o condecoraciones; medallas de jubileo o conmemorativas, y medallas de identificación.[7] Ello implica y a menudo exige la interdisciplinariedad, por ejemplo, en el préstamo instrumental entre la Medallística y la Falerística e instituciones propias del Derecho Honorífico, también vinculadas con otras disciplinas simbológicas como la Heráldica, la Vexilología e incluso con algunas Ciencias Sociales, vínculo que se demuestra cada vez más necesario.


El término Falerística fue usado por vez primera en 1937, en la antigua Checoslovaquia, y deriva de la phalerae, una de las muchas condecoraciones que crearon los romanos, y que consistía en pequeños escudos repujados en oro, plata o bronce, que se llevaban sobre la coraza sujetos con correas, o en los arreos del caballo, y que en la medida en que se desarrolló la economía de guerra en Roma, fueron concedidas a tropas, y que para mostrarlos los colgaban de sus vexillae.[8]




El Derecho Honorífico entonces, es la rama de las Ciencias Jurídicas que se encarga del estudio jurídico de las condecoraciones asumidas como una función que esencialmente realiza el Estado, aunque no de manera absoluta. El objeto de estudio del Derecho Honorífico es notablemente distinto del de la Falerística por cuanto esta estudia la pieza ostensible que representa la condecoración, mientras que aquel estudia la relación jurídica que entraña una condecoración, concebida ésta como institución del Derecho, y aquellas otras relaciones jurídicas que desencadena; y dado que el Estado es el ente capaz de crear el Derecho, pues la rama honorífica estudiará la manera en que aquel concede a través de este determinados honores y preeminencias tanto a ciudadanos nacionales como extranjeros y bajo qué condiciones se verifican y/o deben verificarse tales concesiones, donde las piezas honoríficas o falerísticas ocupan un lugar importante pero no absoluto dentro del amplio campo del Derecho Honorífico, el cual se está estructurando doctrinalmente en estos momentos.


Dentro de las instituciones que conforman el Derecho Honorífico, las órdenes de Estado u honoríficas constituyen práctica y objeto de regulación de casi todos los países del orbe; estas instituciones tienen un antecedente común en las órdenes de caballería que proliferaron en Europa entre los siglos XI y XII para conformarse en verdaderas instituciones religioso-militares que, luego de la conformación y consolidación de los Estados nacionales en Europa, muchas de ellas fueron incorporadas a la institución monárquica, léase al Estado, e inmediatamente adquirieron carácter honorífico y además nobiliario en algunos casos, al margen de que algunas de estas órdenes nacieron como institutos nobiliarios (Ej.: la Orden del Toisón de Oro, establecida en 1429 por Felipe II, el Bueno, Duque de Borgoña y actualmente bajo el Maestrazgo de la Casa Real española, en la que se encuentra desde el reinado de D. Carlos I de Habsburgo). La Iglesia Católica, Apostólica y Romana aprobaba sus estatutos, y era de tanta importancia su reconocimiento, que no puede considerarse una orden de caballería cuya aprobación por la Santa Sede no conste, de manera que, además de ser instrumentos militares, tenían una fuerte carga religiosa, al punto que todas estas órdenes adoptaban alguna regla de las conocidas: las constituciones del Cister, la regla de San Agustín, de San Benito, etc. Además de las puramente religioso-militares, existían las hospitalarias, como las de Santiago y San Lázaro.


En el caso de España, por ejemplo, cuyas instituciones honoríficas nos llegan un poco más de cerca por la impronta de la colonización, estos institutos fueron instrumentos militares que participaron activamente en la guerra de Reconquista y en las Cruzadas, como también en la administración de los territorios conquistados. Los Reyes Católicos, sin embargo, una vez consolidado su poder, resolvieron incorporar los Grandes Maestrazgos de las órdenes españolas a la Corona y así incorporaban también las inmensas riquezas que habían acumulado a lo largo de los siglos de enfrentamientos bélicos y de administraciones de vastos territorios, cobros de impuestos, etc. Inmediatamente luego de su incorporación al Estado, perdieron su carácter militar y adquirieron valor honorífico, y nobiliario en algunos casos; excepcionalmente se restableció dicho carácter militar ante inminentes peligros o por interés particular del Estado, pero cuando Europa descubre a América bajo la tutela del Gran Almirante D. Cristóbal Colón, ya estas órdenes eran institutos honoríficos e incorporados a la pompa de la nobleza medieval junto a sus altisonantes títulos. De esta manera, las antiguas órdenes de caballería pasaron a ser institutos nobiliarios cuya admisión era inicialmente promovida por el interesado, pero con el tiempo se convirtieron en meras recompensas que el Estado otorgaba a los beneméritos de la patria, grandes benefactores o ilustres personalidades de Estado, y tal práctica, como necesidad de premiar actos relevantes, se transformaron en lo que hoy se conocen como órdenes honoríficas, que fueron establecidas en casi todos los países europeos, y por extensión tanto en América como en otras de sus colonias por los restantes continentes, aunque con particularidades que podremos tratar en otro artículo y cuyo germen está allí en aquella vieja institución medieval de la Cavalleria.


Aclarados los términos sobre los cuales hemos discurrido en estas reflexiones, no existe razón para que una sala de las dos a las que se ha visto reducido muy lamentablemente nuestro Museo Numismático, lleve grabado en una placa el título de Medallística, cuando exhibe piezas que no son realmente medallas, y lo que es peor, aún hay especialistas que consideran a las condecoraciones parte de la Medallística y de la Numismática cuando son disciplinas con importantes elementos divergentes, como tampoco existe razón fundada para que se le llame a las placas e insignias escolares, medallas escolares, porque en realidad no lo son la mayoría, toda vez que las antedichas piezas no resultan de una acuñación.


Dentro de la Medallística, la doctrina ha establecido otras clasificaciones de acuerdo a su emisor y a la función de la pieza, esto es: el fin por el que fue creada. Las clasificaciones que la doctrina cubana ha establecido se basan fundamentalmente en elementos más bien relativos al diseño o cargas de las piezas, más que en otras particularidades que son determinantes también como el alcance de la norma constitutiva en el caso de las condecoraciones o el emisor de las piezas, lo cual se justifica por la alta especialización temática y ramal de un coleccionismo aun ávido de un mayor desarrollo teórico y técnico; luego surge la pregunta: si las piezas no honoríficas como algunas insignias escolares o eclesiásticas que no son medallas, hasta el momento se han considerado parte de la Medallística, ¿qué disciplina deberá estudiarlas ahora? Provisionalmente, este estudio las ha ubicado bajo las categorías de pieza metálica ostensible de identificación, y conmemorativa. Afortunadamente, el Museo Numismático, en Cuba (y en otros países), ha acogido entre sus colecciones, piezas que no son monedas y ni siquiera medallas, según las antiguas concepciones, pero no es menos cierto que con ello les ha reconocido de antemano su rango patrimonial como antecedente insoslayable a los estudios actuales. No obstante, ya el propio devenir epistemológico e integral de las diversas disciplinas simbológicas nos exige cada vez más, replantearnos un nuevo sistema institucional y asociativo que incentive el estudio y preservación de todas y cada una de estas piezas, acorde a su propio aparato categorial y sus propias necesidades, y refuerce tanto en nuestros coleccionistas y estudiosos como en la población en general, una cultura simbológica de mayor especialización e integración a un tiempo. Ha sido este el espíritu que ha inspirado las presentes reflexiones. Y son los argumentos que hemos presentado, algunas cuestiones de orden teórico que consideramos vitales esclarecer para augurar la buena salud de las disciplinas simbológicas cubanas esbozadas en este artículo, quizá lo que pudiere denominarse arte-ciencia metalorum[9] para abarcar el amplio campo que dominan.


En resumen: la consecuente aplicación de la doctrina, que se desarrollará aún más en la medida que se organicen eventos científicos ampliamente difundidos y en la medida que los coleccionistas y estudiosos tengan acceso a ellos, la modificación de nuestro maltrecho sistema de condecoraciones en que por ejemplo, las instituciones ordenales carecen de jerarquía y de gobierno propios, entre otras deficiencias;[10] la adecuada clasificación de nuestras piezas metálicas y el rescate de nuestro patrimonio simbológico se nos plantean como algunos de los apremios más inminentes de los medallistas, faleristas, simbólogos y juristas cubanos en el s. XXI.






Maikel Arista Salado y Hernández.
Dr. Avelino Víctor Couceiro y Rodríguez.


[1] DICCIONARIO SALVAT ENCICLÓPEDICO POPULAR ILUSTRADO (inventario del saber humano). SALVAT Editores, S. A. Barcelona. Tomo VI. 1922.
[2] Por ejemplo, en el s. XV europeo, se documenta un gran número de medallas promovidas por intereses particulares, mientras que las monedas se erigen como prerrogativa del Estado o que por ley éste la delega en una persona natural o jurídica que ejerce funciones de soberanía, como ejemplos tenemos los fueros que varios reyes españoles concedían a obispos para emitir moneda.
[3] Diccionario Aristos Ilustrado de la Lengua Española. Madrid, 1962.
[4] Para más información, consultar: Arista-Salado y Hernández, Maikel. Aproximaciones al Derecho Honorífico cubano. Inédito. 2005.
[5] E incluso la admitiría aún si se incluyeren los dos elementos conceptuales que hasta ahora proponemos, lo cual es muestra de que no está acabado.
[6] Ídem.
[7] Para mayor información: Arista Salado y Hernández, Maikel. Estudio mínimo de Falerística cubana y otras piezas ostensibles, y Aproximaciones al Derecho Honorífico cubano. Inéditos. 2005.
[8] Es el antecedente de las actuales banderas y de donde deriva el nombre de la ciencia que las estudia: Vexilología.
[9] Algunos estudiosos y coleccionistas lo llaman metalografía y lo definen como “ciencias del metal”.
[10] Ver: Arista Salado y Hernández, Maikel. Obras citadas.

5 comentarios:

José V. de Bragança dijo...

Enhorabuena por este excelente texto intentado la clarificación y sistematización desta complexa matéria. Es el contributo contemporâneo más exautivo que he leído sobre el tema, al menos en la cultura Latina. Soy un apasionado por la história de las órdenes y condecoraciones (en sentidp lato) y por la feleristica. Me gustaria de comprar el libro de usted. Donde lo pudeo adquirir desde hacia Portugal?
Mucahs gracias y saludos cordiales.

C. Marat dijo...

Excelente artículo, pero te quería preguntar si puedes ser tan amable de darme ejemplos de condecoraciones que no son medallas. Gracias.

Maikel Arista-Salado dijo...

Con mucho gusto: la Orden del Toison de Oro es una condecoraciones y sin embargo, no se representa por medio de una medalla. De la misma manera, la concesion heraldica es otra forma de condecoraciones que no conlleva una medalla, es decir, por potestad regia un individuo es recompensado con un escudo de armas y no hay medalla. La medalla es un concepto que atiende a elementos fisicos, mientras que la condecoracion atiende a elementos subjetivos, juridicos si se quisiere.

C. Marat dijo...

Gracias, lo sospechaba, pero quería estar seguro.

Anónimo dijo...

Estoy interesado en conocer manuales de falerística y medallistica. Quiero aprender las reglas de estas ciencias y su terminología.