1 de enero de 2011

Proyecto para nuevo escudo de Holguín

El actual escudo de la provincia Holguín fue creado en 1995 y adoptado por la Asamblea Provincial del Poder Popular. En el 2007, se presentó un proyecto para adoptar un nuevo escudo porque el que había sido concedido en 1995 no cumplía no por asomo las leyes heráldicas. El informe presentado al gobierno provincial suscitó un debate un tanto acalorado. Aquí se publican por pimera vez dichos intercambios. Para que se tenga mejor idea del desastre heráldico del escudo provincial, aquí va su imagen.



La Oficina de Historia y Monumentos, ante la solicitud de revisión del escudo, lo limpió de las cargas desorganizadas que traía y ofreció la versión que se muestra a continuación que, si bien fue un paso de adelante, no resolvía la crítica situación en que se encuentra el escudo provincial. 



He aquí el Informe presentado:

INFORME AL CONSEJO DE LA ADMINISTRACIÓN PROVINCIAL DE HOLGUÍN SOBRE LA CONVENIENCIA DE ADOPTAR UN NUEVO ESCUDO DE ARMAS

A la luz del actual desarrollo epistemológico de disímiles ciencias que han emergido como resultado de una atención más singular por parte de los especialistas, la Heráldica se nos descubre hoy como un arte y como una ciencia, cuyo objeto de estudio son los escudos de armas. Sin embargo, es un conjunto mínimo de reglas y directrices lo que diferencia la Heráldica del resto de los fenómenos emblemáticos. Es un verdadero orgullo poder palpar la vigencia de la Heráldica en nuestro país, ejemplo vivo de lo cual es el escudo provincial holguinero, adoptado en 1995; sin embargo, a pesar de ser una tradición vivísima, es de lamentar que se ha perdido el conocimiento necesario para componer las armas, es decir, aquel conjunto de reglas de que hablamos y que diferencia la Heráldica de cualquier otro sistema emblemático se ha perdido, lo que implica omisión de un elemento esencial de la antiquísima tradición heráldica. Es, por lo tanto, inminente restablecer en su carácter original esta tradición que practica nuestro país, para lo cual es preciso identificar los problemas que tienen nuestros escudos y darles una adecuada solución sin perder los elementos de identidad que muestran.

El actual escudo provincial de Holguín presenta en su diseño numerosos problemas, y es nuestro principal interés que el Gobierno provincial tome habida cuenta de ellos y que analice y asuma nuestras recomendaciones. En primer lugar resulta el actual escudo de armas provincial un conjunto de piezas amontonadas sin orden ni concierto, una sumatoria de colores, fotografías y paisajes que afean el diseño e impide su fácil reproducción, identificación y estudio; por otra parte, existen muebles que carecen de un significado relevante y ocupan innecesariamente un espacio dentro del campo. La reiteración hace mella en una semiología armónica y coherente del discurso heráldico. El hacha de Holguín, por ejemplo, al ser símbolo de la provincia, se recomienda su presencia, pero no de la forma en que se ubica en el actual escudo de armas, porque aparece partida verticalmente y mutila el campo heráldico, al tiempo que ella misma está cortada. El hacha de Holguín debe aparecer íntegra, y dentro del campo heráldico, de tal manera que pueda reconocerse fácilmente.

Al enfrentarnos a diseñar un escudo de armas, debemos tener presente que en él no pueden ubicarse todos los elementos que integran la realidad natural, cultural o histórica de un territorio determinado, en el escudo de armas se representa aquello que es único e irrepetible y que da exclusividad a la localidad o sujeto que se quiere representar, de tal suerte que cuanto más sencillo sea un escudo, mejor podrá reconocerse y reproducirse. El actual escudo provincial de Holguín ni siquiera se recomienda como emblema, justo por su complejidad y desorden. Pongo por ejemplo de contraste el escudo de la Habana, que a pesar de ser la ciudad capital de la República, capital de dos provincias y centro político de la nación, su escudo sólo tiene tres castillos y una llave en un campo de azur. Otro sencillo escudo que resume la identidad local es el propio de la ciudad de Holguín, en campo de azur, Nuestra Señora del Rosario y San Isidoro, que sostienen la Corona Real española sobre una elevación.

La vigencia del escudo municipal de Holguín puede ser llevada a debate, lo que nos obligaría a apartarnos demasiado del hilo conductor de este Informe, que es la necesidad de adoptar un nuevo escudo provincial; pero podemos resumir en el caso de las armas municipales, que el actual escudo es un buen ejemplo de la más bella Heráldica cívica cubana. Como podrán analizar, no se trata, al hacer un escudo de armas, de poner todo cuanto caracteriza un territorio, sino algo que sea exclusivo de él en un diseño original, ingenioso, que sea capaz de atraer la atención de quien lo mira, ora con un impacto visual cromático, ora con un impacto visual a partir de la posición, disposición y combinación de las piezas y muebles.

Volvamos al escudo provincial de Holguín. En él aparece, en el cuartel superior, un arco iris con dieciocho estrellas que no tiene que ver con el sentido que trasmite el cuartel, que es el origen. El jefe o cuartel superior del escudo provincial indica la llegada del Gran Almirante a costas cubanas, hecho que tuvo un impacto no sólo en Holguín, sino para Cuba y la Humanidad, ya que cerró la Edad Media y dio pasó a la Época Moderna. Este cuartel tiene varias deficiencias. Presenta un acentuado paisajismo. La Heráldica debe emplear símbolos, traducidos en particiones, piezas y muebles, pero un paisajismo escapa de los límites establecidos. El paisajismo es un problema serio en nuestra heraldografía, ya que se abusa de él en el sentido realista y en consecuencia, se pierde el sentido heráldico: el pretendido escudo pasa a ser un cuadro. El problema del paisajismo viene unido a otras dos deficiencias: la degradación cromática y la perspectiva. En Heráldica los esmaltes no tienen degradaciones, es decir, son puros, sin tonalidades ni mezclas. La propia naturaleza de este fenómeno emblemático obliga a poner las piezas que deben ser planas, en un solo plano, lo cual se opone a la perspectiva. Es de notar que las tres naos que representan a la llegada de Cristóbal Colón a Cuba están en perspectiva.

En conclusión, el cuartel superior es una birria, porque pretiere todas y cada una de las leyes heráldicas. No se respetan los esmaltes, hay tonalización o degradación cromática, perspectiva y un acentuado paisajismo.

Los otros dos elementos más visibles del escudo actual son la Loma de la Cruz y la Periquera, ambas instituciones pertenecen a la ciudad y consideramos un error reducir la identidad de la provincia a la ciudad. El escudo provincial debe reflejar una realidad abarcadora, en la que puedan insertarse todos los municipios que componen la provincia, es por ello que preferimos no hacer una alusión directa y sobredimensionada de la cuidad, aunque sin descuidarla, ya que en el escudo que proponemos existen elementos que la evocan. El friso de la Plaza de la Revolución es un elemento que no aporta nada al escudo, es sencillamente una arquitectura más, que por añadidura se encuentra en la ciudad también, razón que aconseja su preterición. En cuanto a la Loma de la Cruz y la Periquera, aparecen ambos muebles en perspectiva, otro elemento que invalida las armas y con un marcado paisajismo, que reafirma la Periquera con su diseño tan realista y poco estilizado. Los escudos de armas se organizan en dos dimensiones, no se admite la perspectiva, la profundidad, de manera que además de las razones expuestas en contra de la Loma de la Cruz y la Periquera, al menos en la forma en que están dispuestas en las actuales armas, el problema de la perspectiva se agrega a la lista. Además del arco iris, el actual escudo muestra un cañón y el machete-fusil, muebles que reiteran su significado conque sería prudente resumirlos en uno solo.

Aparecen también, mutilados, muebles que hacen referencia a la industria metalúrgica de la provincia, pero aparecen cortados y no plenos, como corresponden, las chimeneas, además, se plasman echando humo, con todo el impacto ecológico que ello causa. Sugerimos, por lo tanto, que las chimeneas sean suprimidas y representado el desarrollo metalúrgico en la presencia de los dos metales, como veremos en la propuesta.

En cuanto a los colores, otro debe ser el análisis, ya que la composición de escudos de armas se somete a un número de reglas cuya inobservancia rinde las armas por desfiguración, es decir, lo que pensamos que es un escudo de armas, en realidad no lo es por no cumplir con las leyes heráldicas. La Heráldica contempla solamente siete esmaltes: dos metales (oro y plata) y cinco colores (gules, azur, sinople, púrpura y sable), y la ley fundamental indica no poner color sobre color ni metal sobre metal. Al analizar el actual escudo holguinero, notamos en primer lugar la inexistencia de campo y que las piezas carecen de un fundamento cromático conforme a las reglas heráldicas. El paisajismo incorpora un nuevo esmalte inventado y totalmente fuera de contexto: el azul-celeste. En anteriores oportunidades nos hemos pronunciado sobre el uso del azur-celeste, sobre todo en armerías tan antiguas y tradicionales en las que por especiales circunstancias, especialmente para evitar confusiones de colores, se aconseja el empleo de este esmalte, que puede compararse al naranja holandés, el ceniza inglés y al hierro alemán. Su uso debe ser puntual y justificado.

En vista de la inconveniencia que resulta el empleo de las actuales armas, en aras de que la provincia holguinera adopte un símbolo más sencillo, fácil de identificar, de reconocer y reproducir, proponemos al gobierno provincial dos propuestas, cada una con su variedad cromática.

ARMAS: En gules, un machete de plata, con guarda y mango de oro, resaltado del hacha de Holguín, de oro, acompañado de una estrella pentagonal de oro en cada flanco; jefe cosido de azur con tres naos, en sus colores naturales, puestas en faja. Por exornes dos ramas de caña de azúcar y café, verdes y frutada la última, envuelta la primera en una cinta de tres franjas azules y dos blancas, dividida a la longitud, y la segunda en una cinta roja y negra, dividida a la longitud. Entre las dos ramas, la flor de Holguín, en sus colores naturales.

  


Las dos estrellas junto al hacha, todo de oro, representan los grados de Mayor General, que ostentara el egregio militar de nuestras guerras independentistas Calixto García Iñiguez, pero también la contribución del territorio con dieciocho generales a las gestas libertadoras. El hacha de Holguín, además de su simbolismo propio, se convierte en comodín de las tres estrellas.

El jefe está esmaltado en azur, que representa el mar, elemento de enlace histórico ya que fue la vía por la que entraron los aborígenes a Holguín y a Cuba, tierra por la que siglos después, y también por el mar, llegara el Gran Almirante de la Mar Océana D. Cristóbal Colón, y parte fundamental del comercio portuario que desarrolló grandemente el territorio, y en nuestros tiempos es actor fundamental de la industria y turística, una de las actividades económicas que tipifican el territorio.

Exornan el escudo sendas ramas de caña de azúcar y café, enrolladas a las cuales se ubican dos cintas, una que imita la bandera de la República y otra reproduce la bandera del Movimiento 26 de Julio, fuerza armada que derrocara en 1959 la tiranía de Fulgencio Batista, respectivamente. Sella las ramas la llamada flor de Holguín, especie vegetal que sólo crece en la provincia.

Holguín, y abril 6 del 2007